jueves, septiembre 03, 2009

Burgos, 1 de agosto

Manuel precioso, reta y desafía. El viernes con los macarrones “eres malo”, hoy con la merluza rebozada “no te voy a querer, no te voy a hacer caso”. Pero me pide que le cuente su enciclopedia de animales y luego da mimos, da besos sin pedirlos, abracitos. Y hay una inmensa ternura al ver a Beatriz, paciente y cansada, firme y cariñosa, acabando de darle la cena hace un rato.

El sábado, en la boda de un amigo, Iñigo tiró de mi para bailar un arrebatado vals.

Ayer calor y viento del sur. Por la tarde vamos al pantano del Arlazón con Isa, Olga, David y su hijo Nuño. Al final de la tarde el niño me dice “ven” y le sigo hasta el borde del pantano en un sitio donde un camino pavimentado se mete en el agua. Yo me siento y Nuño se pone de cuclillas. Tiramos piedras al agua. Nuño me señala las piedras más grandes y las tiro. Cae un poco más el sol y se oyen los cencerros de las vacas marrones por la sierra. Veo que la orilla se llena de mosquitos y le digo a Nuño que nos vamos.

En el coche Isa y yo vemos en silencio el anochecer en las eras, la carretera se mete en medio de los pueblos y la gente toma algo en las terrazas de los bares.