miércoles, mayo 30, 2007

25 de mayo

Estoy descalzo en casa, una vez metidas las cosas del súper en la nevera o donde toque. Hacía no sé cuanto que no volvía de trabajar un viernes desde la oficina de Barcelona. He vuelto andando sintiendo las agujetas del partido fútbol de noventa minutos que ayer jugamos. Yo empecé a ir al tajo a finales de septiembre de 2005. La gente que ha estado desde el principio empezó a ir en abril del mismo año y otros, aunque con algún matiz, unos meses antes. Mucho tiempo. Y ayer nos tocaba celebración por haber terminado.

Como mi coche, de empresa, se había quedado allí el martes Marta tuvo la amabilidad de pasar a recogerme en la Plaza Kennedy. Se ha comprado un coche de segunda mano que a Llorenç y a mí nos hace mucha gracia. Su Fiat Punto quedó siniestro total cuando un día al incorporarse a la Ronda del Mig la mujer que iba delante de ella frenó bruscamente y sin motivo, con lo que Marta tuvo que frenar bruscamente, con motivo, y el que iba detrás de ella chocó con ella que a su vez chocó con la que iba delante. El caso es que tras meses buscando y pensando un coche pequeño-mediano se ha acabo comprando un Golf familiar de un rojo mate y contundente sin aire acondicionado.

Marta y Llorenç han sabido hace poco de este blog. Sólo se lo digo a gente muy amiga o a gente que casi no conozco. He tenido suerte de la cotidianeidad de Llorenç y Marta en estos meses y de la compresión de Sandra. Al menos de lunes a viernes.

Algo más tarde de las diez de la mañana empezamos el partido que resultó muy divertido aunque hubo gente que se lo tomó muy en serio. Después del partido empezó a haber gente en la piscina, algunos porque les tiraron y otros porque nos tiramos. Luego, hacia las doce y media, empezamos a comer y a beber. A las cuatro sacaron los whiskies, los gins y los licores. Algunos siguieron siendo lanzados a la piscina. Pasaban las horas y el tabaco se iba acabando y las consonantes pasaron a ser algo con lo que rodear de mala manera a las vocales. Un calor humano y viril más presente que nunca. Abrazos y palmadas en la espalda. Sinceridad etílica. Preguntas directas y personales. Confesiones y confidencias impensables otro día. Conversaciones acerca de la cosmología del matrimonio. El soundtrack adecuando es una mezcla del Jailhouse rock (ah, Leiber&Stoller) de Elvis y el Let’s have a party, de Wanda Jackson.


The warden threw a party in the county jail.
The prison band was there and they began to wail.
The band was jumpin and the joint began to swing
You shouldve heard those knocked out jailbirds sing.


y

Some people like to rock,
some people like to roll
But movin' and a-groovin's gonna satisfy my soul
Let's have a party